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Conferencias. Orígenes de la Civilización: Perspectivas evolucionistas. PDF Imprimir E-Mail
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sábado, 18 de octubre de 2008
ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN: PERSPECTIVAS EVOLUCIONISTAS
14, 16, 21, 23, 28, 30 octubre, 4 y 6 noviembre 2008

http://www.march. es/conferencias
 
 
CICLO DE CONFERENCIAS EN LA FUNDACIÓN JUAN MARCH.
LOS PARTICIPANTES RESUMEN SU INTERVENCIÓN:
(pulsar en detalles para ver)
 
 

La longevidad
Jordi Agustí

De acuerdo con la teoría de la evolución en vigencia desde hace más de 100 años, el darwinismo, la persistencia de individuos que no pueden contribuir reproductivamente a la siguiente generación constituye un ejemplo pasmoso de ineficacia evolutiva. El darwinismo postula que las especies que sobreviven a lo largo del proceso evolutivo son aquellas que contribuyen a la siguiente generación con mayor número de descendientes (que, de esta manera, difunden el propio patrimonio genético). Desde esta perspectiva darwiniana, la persistencia de individuos muy longevos que ya no pueden contribuir a la perpetuación de la especie ha constituido desde siempre una paradoja evolutiva: ¿para qué sirven los individuos -machos o hembras- una vez han superado la edad de procreación y de transmisión del propio acervo genético? En particular, el descubrimiento reciente en el yacimiento de Dmanisi, en Georgia, fechado en cerca de 1.800.000 años, de un individuo muy viejo que había perdido toda su dentición, ha obligado a replantear crudamente esta cuestión. En este individuo, los alvéolos, es decir, los orificios donde se alojaban las raíces de los dientes, estaban ya completamente reabsorbidos por el hueso, lo que quiere decir que hacia años que no podía masticar carne o vegetales duros. Dada la ausencia de árboles con frutos en el entorno de Dmanisi, es evidente que aquel viejo tuvo que ser mantenido activamente por el grupo al que pertenecía, quienes tendrían que haber preparado previamente los alimentos que iba a ingerir. En el contexto de las duras condiciones de vida de los homínidos de principios del Pleistoceno ¿qué sentido biológico tenía mantener a un individuo que no podía valerse por si mismo y que ya había cumplido con sus funciones reproductoras? En cualquier caso, Dmanisi demuestra que este tipo de comportamiento cooperativo estaba ya establecido entre los homínidos de hace dos millones de años.

La clave en este y otros casos, tal vez se encuentre en determinados procesos ininteligibles desde los límites de la selección estrictamente individual. En efecto, existe un cierto número de caracteres que no son específicos del individuo, sino de la especie a nivel general, y que, sin embargo, aparecen como manifiestamente favorecidos por la evolución. Aunque sobrepasan los límites de la individualidad, estos caracteres favorecen a su vez la supervivencia de los individuos a nivel supraindividual, desde una perspectiva de especie. Es lo que se ha llamado "selección de especies" o "selección a nivel de especie" (una variante heterodoxa del darwinismo) y que suelen afectar a aquello que se conoce como "trayectoria vital" del individuo, es decir, aquellos caracteres que afectan fundamentalmente a la edad de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte dentro de las poblaciones (los llamados factores demográficos y que no son característicos de los individuos sino de las especies). Y es que aquellas especies que tiendan a presentar trayectoria vitales con individuos suficientemente longevos, estarán mejor preparadas para hacer frente a crisis climáticas de corto periodo. El senado, por tanto, constituye una suerte de memoria del sistema que en determinadas momentos permite la supervivencia del grupo en condiciones adversas. Este tipo de estrategia se ha desarrollado preferentemente en organismos migradores, como las aves, los elefantes, algunas tortugas, algunos dinosaurios y nosotros mismos cuando, en nuestra temprana etapa carroñera de Homo habilis, nos dispersamos desde Africa por todo el viejo mundo..



El precio de la inteligencia: retraso genómico y vulnerabilidad cerebral
Enric Bufill

El retraso genómico es el desfase existente entre nuestro genoma, que condiciona una fisiología y psicología seleccionadas para sobrevivir en el medio en que evolucionó la especie humana y el mundo artificial creado por la cultura, cuya acelerada evolución impide que se seleccionen las adaptaciones correspondientes, lo que provoca en muchos seres humanos trastornos físicos y emocionales.

Nuestro genoma fue seleccionado durante mas de dos millones de años para adaptarse al entorno del Pleistoceno, período en que nos convertimos en humanos. Los caracteres exclusivos de nuestra especie fueron seleccionados durante este período, que constituye el 99% de la historia del género Homo y el 95% de la historia de nuestra especie, Homo sapiens, durante el cual nuestros antepasados vivieron como cazadores-recolecto res. Aunque se han producido algunos cambios genéticos desde el origen de la agricultura, hace diez mil años, estos han sido poco significativos. Desde el punto de vista anatómico, fisiológico y emocional, el Homo sapiens sigue siendo un cazador-recolector. Los cambios culturales se han hecho excesivamente rápidos para que podamos adaptarnos a ellos genéticamente. Nuestros genes fueron seleccionados para adaptarse a un entorno que ya no existe, por lo que genes que fueron útiles en el entorno ancestral en el que evolucionamos pueden aumentar la susceptibilidad a las enfermedades del mundo desarrollado.
La diferencia entre el estilo de vida de nuestros antepasados cazadores-recolecto res y los habitantes de las sociedades desarrolladas actuales no puede ser más radical. El entorno en que evolucionamos implicaba ejercicio físico intenso, alimentación pobre en ácidos grasos saturados, sodio y azúcar, cambios culturales lentos y vida en pequeños grupos de cuyos miembros se recibía apoyo emocional. Los miembros de las sociedades desarrolladas, por el contrario, suelen llevar una vida sedentaria, una dieta excesiva en grasas saturadas, sodio y azúcar, estrés emocional crónico al cual no puede responderse con las reacciones de lucha- huida a las que nos preparó nuestra evolución y aislamiento social y emocional.

Este estilo de vida ha contribuido a la alta frecuencia de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y trastornos emocionales, como ansiedad y depresión, que se han convertido en una epidemia en las sociedades desarrolladas. Cambios en el estilo de vida inducen cambios epigenéticos: la disminución del ejercicio físico, el exceso de grasas o el estrés crónico pueden inhibir la expresión de determinados genes lo que podría llevar a la aparición de trastornos emocionales crónicos, como ansiedad o depresión, a trastornos de la neuroplasticidad y, por tanto de aprendizaje y memoria y a aumento del estrés oxidativo neuronal. Una mejor comprensión del medio en que evolucionamos podría ayudarnos a llevar vidas mucho más saludables, sin renunciar a los beneficios de la civilización.    



Sociabilidad entre primates
Miquel Llorente

El ser humano inició su historia evolutiva hace unos 65 millones de años con la aparición de los primeros primates. Algunos millones de años después surgió la familia de los grandes simios (orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos): nuestros parientes evolutivos vivos más próximos. Una de las características más sobresalientes de la especie humana y del resto de grandes simios es su alto grado de sociabilidad. Para conocer más sobre este aspecto de nuestra historia evolutiva, resulta muy interesante poder observar este mismo aspecto en nuestros primos evolutivos. Con ellos compartimos una estructura y organización social compleja, aún habiendo diferencias notables entre unas especies y otras. De la solitaria vida de los orangutanes, pasamos a los grupos de "harén" propios de los gorilas, y llegamos a las complejas comunidades de fisión-fusión propias de chimpancés y bonobos.
  
Pero, ¿en qué nos diferenciamos de los grandes simios? ¿Cuáles son las principales similitudes que compartimos con ellos en relación a nuestra vida social? Tanto en ellos como en nosotros, machos y hembras desempeñan roles diferentes dentro del grupo. Como ellos, tenemos conciencia de nosotros mismos, y la capacidad de atribuir intenciones a otros, ambos aspectos muy importantes para la vida en un sociedad. Vivimos en complejos grupos donde es necesario negociar, intercambiar y cooperar con los miembros de la comunidad. Nos desenvolvemos dentro de una dinámica social en la que a veces es necesario cooperar y coordinarnos con otros individuos, y donde la estrategia, el liderazgo y el intercambio de bienes y servicios están a la orden del día.

Pero aunque compartimos una naturaleza social, el ser humano ha evolucionado hasta convertirse en un primate ultra-social. ¿Qué significa "ultra-social" ? ¿En qué se ha reflejado este rasgo a lo largo de la evolución del ser humano? Nuestras habilidades sociales no sólo nos han favorecido la supervivencia en una sociedad compleja, sino que nuestra inteligencia ha evolucionado para permitir vivir e intercambiar conocimiento en grupos culturales y tecnológicos. La evolución, por tanto, ha forjado nuestro cerebro y nuestra cognición hasta convertirnos en unos primates caracterizados, sobre todo, por el desarrollo de una compleja inteligencia social y cultural...



Paleobiología y evolución del género Homo
José María Bermúdez de Castro

Los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca (Burgos) han proporcionado una extensa muestra de restos fósiles dos especies pretéritas de homínidos: Homo antecessor y Homo heidelbergensis..

Los restos de Homo antecessor se han recuperado en los yacimientos de la Sima del Elefante y Gran Dolina, en la Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca, y su antigüedad se cifra en un rango de edad de entre 1,3 y 0,8 millones de años. La especie Homo heidelbergensis se ha localizado en la Sima de los Huesos del complejo cárstico de Cueva Mayor y su antigüedad máxima se estima en 0,6 millones de años.

Si bien la mayor parte de los estudios sobre evolución humana se centran en conocer la posición filogenética de las diferentes especies de homínidos en el árbol de la evolución humana, la amplia colección de fósiles de homínidos de Atapuerca ha permitido profundizar en el conocimiento de la biología de dos especies "humanas" extinguidas. En particular, la colección de fósiles de la Sima de los Huesos suma ya más de 6.500 restos de una treintena de individuos, que constituyen el 90 por ciento de los fósiles de esta especie europea.

La complejidad del cerebro y la mente de Homo heidelbergensis se refleja en su comportamiento y en su tecnología (Achelense ó Modo 2). Con respecto a su tamaño corporal, podemos afirmar que el coeficiente de encefalizació n de esta especie era ligeramente inferior al de nuestra especie; aún así, Homo heidelbergensis ya se preocupaba por sus difuntos y tenía capacidades mentales, como la planificación y la estandarizació n. El estudio pionero de la audición de los homínidos de la Sima de los Huesos ha permitido demostrar que su oído tenían una capacidad máxima a la misma frecuencia que Homo sapiens. Se trata de una prueba indirecta de la capacidad para el lenguaje de esta especie, un rasgo humano muy difícil de demostrar en especies extinguidas. Asimismo, la relación entre la capacidad craneal del recién nacido y el tamaño del canal del parto demuestra que los homínidos de la Sima de los Huesos tenían probablemente menos dificultad para el nacimiento que los neonatos de nuestra especie. El hallazgo de una pelvis completa en la Sima de los Huesos ha sido clave para trabajar en este aspecto de la biología de Homo heidelbergensis, así como para estimar la estatura y el peso corporal de los adultos de la especie. Las evidencias de patologías y la estimación de las edades de muerte y la longevidad de los individuos de la especie completarán los datos que se ofrecerán a los asistentes.

Sobre la especie Homo antecessor es importante analizar las evidencias de canibalismo obtenidas en el estudio de sus restos fósiles y el significado de este comportamiento en la evolución humana.



Conciencia simbólica en la Sima de los Huesos de Atapuerca
Ignacio Martínez Mendizábal

Uno de los grandes problemas en el estudio de la historia evolutiva de los seres humanos es el del origen del lenguaje. Desde el punto de vista de la Paleontología, y puesto que las palabras no fosilizan, se trata de establecer cuándo, en qué especie y en qué circunstancias aparecieron las estructuras anatómicas que soportan nuestro modo natural de comunicarnos: el habla. Para ello, se han ideado, a lo largo del último medio siglo, dos distintas vías de aproximación al problema: una centrada en reconstruir la anatomía de la garganta de los diferentes homininos fósiles y la otra consagrada al estudio de los moldes endocraneales. En ninguna de ambas se han alcanzado resultados convincentes.

Una línea de investigación novedosa lo constituye el estudio de los patrones de audición (audiograma) en especies actuales y fósiles. El audiograma de la mayor parte de especies de platirrinos y catarrinos está caracterizado por dos "picos" de mayor sensibilidad situados en torno a 1 y 8 kHz, respectivamente, separados por una zona de menor sensibilidad en las denominadas "frecuencias intermedias" , entre 2 y 4 kHz. A diferencia del resto de "antropoideos" , los humanos presentamos nuestra mayor sensibilidad auditiva precisamente en esas "frecuencias intermedia", que son en las que resuena la voz humana.
   
A partir de tomografías axiales computarizadas de la región del hueso temporal (más de 100 tomografías por ejemplar), ha sido posible reconstruir digitalmente las cavidades del oído externo y medio en cinco ejemplares del yacimiento mesopleistoceno de la Sima de los Huesos (Sierra de Atapuerca) atribuidos a la especie Homo heidelbergensis. Sobre estas reconstrucciones se han medido una serie de variables anatómicas a partir de las cuales, y usando un modelo circuital que reproduce el funcionamiento del oído externo y medio, se ha reconstruido el filtrado acústico de los sonidos  a través de dicho oído externo y medio. Este filtrado acústico es el factor determinante del patrón auditivo de cada especie: la posición y ancho de banda de la zona de mayor sensibilidad. Los resultados obtenidos son inequívocos y muestran que los ejemplares de la Sima de los Huesos tuvieron un patrón auditivo similar al de las poblaciones humanas modernas (tanto en la posición de la zona de mayor sensibilidad, como en la magnitud de su ancho de banda) y muy diferente al de los chimpancés.



El Arte como elemento de cohesión social durante la Prehistoria
Ramón Viñas

La conferencia se centra en las expresiones, pintadas y grabadas, realizadas durante la Prehistoria. Un arte rupestre presentado como un medio de comunicación y de cohesión social, el cual constituyó un paso fundamental en el proceso evolutivo de nuestra especie. Surgió de la necesidad de transmitir ideas, conocimiento, pensamientos, creencias, etc. Un conjunto de imágenes que fueron generadas y codificadas como "ideogramas y pictogramas" desde las etapas del Paleolítico Superior, hace mas de 30.000 años, y que siglos después desembocaron en los signos fonéticos.  



Sedentarios
Robert Sala

Hace trece mil años se inició en algunas poblaciones humanas de Asia occidental una transformació n que las condujo hacia una etapa social, económica y cultural muy compleja. Planteado así el llamado Neolítico debe ser estudiado como fase del desarrollo de las sociedades humanas en los tres planos citados: cultura, sociedad y economía. ¿Qué podemos decir desde la perspectiva que aquí se aborda? ¿Cómo explica la Teoría de la Evolución y los modelos concretos de evolución humana este fenómeno? Aunque en cualquier obra de referencia se abordará desde una visión exclusivamente histórica, nosotros vamos a plantear otra: lucha por la supervivencia y búsqueda de soluciones  crecientemente complejas.

A lo largo de la última fase del Paleolítico las poblaciones humanas perfeccionaron su capacidad de adquisición de alimento y su implantación en el territorio con una mayor eficiencia en el uso de los recursos. Es muy probable que tales mejoras fueran acompañadas de un incremento demográfico. Con esta perspectiva, el cambio climático que se inició hace trece mil años y que supuso una nueva distribución de recursos, con escasez en algunas regiones y ampliación o cambio en otras, obligó a una nueva evolución en la forma de adquirir los alimentos y produjo una cierta crisis demográfica.

En ese momento, según los restos arqueológicos, en oriente próximo se inició el cultivo de distintas plantas, como el trigo, al mismo tiempo que se dio por primera vez una caza intensiva de depredación de rebaños enteros de gacelas. Y a pesar de que eran aún cazadores, la agricultura les transformó en sedentarios. En el extremo oriente, hace unos once mil años se inició el cultivo del arroz, primero en ambientes de secano, antes de que fuera transformado, hace unos ocho mil, en el cultivo de zonas húmedas que es hoy en día. En los valles altos del Tigris y el Éufrates, en el oriente de Anatolia y norte de Irak, ciertas poblaciones aplicaron por primera vez la ganadería de la cabra. En Siberia y Japón, poblaciones separadas en el espacio inventaron los instrumentos domésticos de cerámica, un invento revolucionario que se dio en sociedades aún nómadas y cazadoras-recolecto ras. Mientras todas estas transformaciones se daban en Asia, en Europa el cambio climático produjo un escenario completamente distinto: se abrieron espacios terrestres y marinos nuevos e inmensos en el norte del continente que permitió a los grupos humanos sustituir la caza de grandes herbívoros por la pesca  y recolección de marisco.

Del escenario global de cambio que se dibuja y de todas estas transformaciones son realmente revolucionarias las que se producen aquí y allá por todo el territorio asiático. Al conjunto de todas ellas lo llamamos Neolítico y sin embargo tardaron mucho en cristalizar todas juntas en un mismo punto, hicieron falta varios milenios para que el próximo oriente las uniera todas y creara los primeros estados centralizados en territorios más o menos bastos: en torno a una ciudad o a una región más amplia.

De todo ello concluimos que los grupos humanos se adaptaron a un nuevo escenario con transformaciones revolucionarias individuales. Una crisis ecológica les impulsó a buscar soluciones que les permitieron, una vez instaladas las sociedades complejas, crecer demográficamente de nuevo y extenderse ocupando regiones que no habían generado formas económicas nuevas, como Europa.

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